Dios nunca falla - Una ejemplar historia de reflexión cristiana

Dios nunca falla

Dios nunca falla. Una ejemplar historia de reflexión cristiana para meditar y comprender el inmenso amor de nuestro padre celestial.

Un anciano se sentaba todos los días en el mismo banco de la plaza. Todo el que pasaba lo saludaba, siempre se encontraba allí sentado sin importar que sucediese; regalaba una sonrisa a todos y aunque nadie conocía su nombre, ni de dónde venía, todos lo apreciaban enormemente.

En una ocasión, una joven mujer se sentó a su lado mientras lloraba sin parar. El sabio hombre le preguntó que le sucedía, a lo que ella contestó: "Nada me sale bien, aunque rezo, mis oraciones no son escuchadas. Me botaron del trabajo, no tengo cómo mantener a mi hijo, he sido condenada"

El anciano escuchó sus problemas pacientemente sin decir una palabra. "No creo que pueda seguir con esta carga, no soy lo suficiente fuerte." Finalizó quebrando en llanto.

El silencio reinó entre ambos un largo rato. Hasta que el hombre le dijo.

"Dios no le pone a sus hijos pruebas que no puedan superar. Aunque sean muy duras, podrás superarlas, recuérdalo, Dios nunca falla".

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"Pero estoy cansada." respondió la joven. "El cansancio es símbolo de esfuerzo, y no hay esfuerzo que no valga la pena."

La mujer meditó sobre lo que el anciano le había dicho y se fue a su casa con eso en la mente. Estando en ella, miró a su alrededor y apreció todo aquello que tenía, comenzando por su hijo y un techo sobre su cabeza.

A la mañana siguiente hizo una lista de las cosas que debía arreglar en su vida y se dio cuenta que eran pocas en comparación con las que ya tenía.

Dios la había colmado de salud, le había permitido tener una familia maravillosa y debía seguir adelante. Al poco tiempo, consiguió un trabajo de enfermera y se dio cuenta de que muchas veces cuando algo se nos niega es porque algo mejor está por llegar.

Quiso ir a contárselo todo al anciano y agradecerle por sus consejos, pero al llegar a la plaza no encontró a nadie, preocupada, preguntó por él y le dijeron que había caído enfermo.

Ese día, encontró al hombre saliendo del hospital, se habían negado a atenderlo por no tener dinero para pagar. Rápidamente ella intervino y poniendo su seguro médico personal, lo internaron. Al verla le dijo.

"Viste, Dios nunca falla ni tampoco nos desampara."

La mujer lo atendió con cariño día tras día hasta que le dieron de alta y llena de felicidad se despidió diciéndole:

"Las buenas acciones se regresan y usted salvó mi esperanza."

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” Isaías 41:10

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